En el barrio de San Lorenzo, cerca de la Alameda de Hércules, existe una calle llamada Hombre de Piedra, un nombre peculiar que está ligado a una curiosa leyenda de la ciudad hispalense. La denominación de tal callejuela, que antes se hacía llamar Buen Rostro, proviene de una estatua de mármol desgastada situada en una hornacina a mitad de dicha calle. Pues esta estatua, sin valor aparente, es la protagonista de esta pequeña historia.
Nos trasladamos hasta el siglo XV, exactamente hasta llegar al reinado de Juan II, época en la que los fieles estaban obligados por devoción a arrodillarse ante el Santísimo Sacramento cuando éste pasaba por la calle, acción que se ha ido perdiendo con los años hasta convertirse en una simple inclinación de la cabeza. Y para que tal obligación se llevase a cabo, el propio rey Juan II dictó la siguiente norma:
"El rey i toda persona que topare el Santísimo Sacramento se apee, aunque sea en el lodoso pena de 600 maravedises según la loable costumbre desta ciudad, o que pierda la cabalgadura, y si fuere moro de catorce años arriba que hinque las rodillas o que pierda todo lo que llevare vestido..."
Una ley que queda esculpida en mármol y que puede verse en la calle Villegas, debajo de la llamada Cruz de los Polaineros, cuyo lugar era y sigue siendo uno de los más concurridos de la ciudad.
Pues bajo esa norma, cuenta la leyenda que un conocido matón del barrio llamado Mateo El Rubio, se encontraba en una taberna situada en la calle del barrio de San Lorenzo con sus amigos, cuando escuchó un campanilleo que provenía de dicha calle acompañado de varias voces que rezaban. Cuando el sacerdote que presidía el cortejo, acompañado de algunos fieles, se acercó hasta la puerta de la taberna, todos se arrodillaron ante el Santísimo, excepto Mateo, que alegaba que dicha acción devota ponía en jaque a su reputada valentía. De repente, un fulminante rayo llenó de luz la taberna y, situándose sobre El Rubio, castigó a aquel que se negó a postrarse tras el paso del Santísimo a convertirse en piedra para toda la vida. Y ahí quedó en la calle a la que dio nombre, postrado sobre sus rodillas como si de un castigo ejemplarizante se tratase.
Fuentes:
-Grosso, Manuel: Sevilla, ciudad de leyenda ; Ed. Jirones de Azul; Sevilla 2009
La Plaza de España de Sevilla es
el edificio más destacado del Parque de María Luisa, y pertenece a la arquitectura regionalista (caracterizada
por plasmar arquitectónicamente una rasgo particular del lugar y en la que se
emplean modelos arquitectónicos del pasado).
Plaza de España de Sevilla / Fotografía: Alba Machuca
Esta monumental plaza fue
encargada al arquitecto Aníbal González (uno de los arquitectos más reputados
de la época que también era arquitecto director del evento) para la Exposición Iberoamericanadel año 1929 que tuvo lugar en la ciudad hispalense. Dicha exposición, como
hemos comentado en otras entradas del blog anteriores, fue la primera
exposición que pretendía mostrar el hermanamiento y las relaciones de unión
entre la Península Ibérica con América e Hispanoamérica y
Estados Unidos y Portugal con Brasil y Macao. Esta obra
arquitectónica fue la más compleja y costosa de toda la Exposición del 29,
debido a su gran dimensión y a la mano de obra que se requería para edificarla.
El 16 de mayo de 1913 se decidió
denominar al plan ideado “Plaza de España” y el 31 de julio de 1914 se aprobó
el proyecto de obra definitivo. Las obras comenzaron en agosto de 1914 para
disminuir el paro obrero que padecía Sevilla entre los trabajadores que se
contrataron para realizar la explanada de la plaza. Para la construcción del
monumento, se siguió un sistema de contratas parciales, condicionadas por la
corta liquidez del Comité.
Aníbal González siempre tuvo
presente que las nuevas construcciones
tenían que permitir una funcionalidad similar a la del Estadio, que
pudieran albergar a una gran masa de público y cualquier tipo de espectáculo.
La primera versión de la plaza, reflejaba una explanada semielíptica, cerrada
en su parte curva con tres pabellones provisionales (el de Industrias
Generales, Actos y Fiestas, y Agricultura), entrelazados por dos pórticos con terrazas a distinta altura. Pero estos
elementos eran independientes y aislados entre sí, por lo que se modificó. Se
disponía también una ría cruzada por ocho puentes, que serviría para separar la
explanada central de un paseo superior que bordeaba las construcciones por su
parte interior. Está ría tendría forma
semielíptica y cortada en el centro del diámetro para comunicar la plaza con el
Parque de María Luisa. Delante del Palacio de Actos y Fiestas se agrandaba la
explanada para albergar una fuente
gigantesca. Como detrás de la plaza discurría el Guadalquivir, dicho proyecto
arquitectónico pretendía simbolizar que España, que mira hacia el río, recibe y
da la bienvenida a las repúblicas americanas, recordando el verdadero motivo de
la celebración de la Exposición Iberoamericana.
Situación de la Plaza de España / Fotografía: Google maps
A finales de 1915, el Comité
decidió que uno de los edificios se destinara a sede de la Facultad de Ciencias
de la Universidad de Sevilla, lo que suponía cambiar la construcción. Se acordó
realizar un edificio continuo y permanente que cerrara la plaza por su parte
curva. Por tanto, el diseño definitivo conservaba muchos aspectos del primer
trazado de la plaza pero con algunas modificaciones. La explanada tendría forma
semielíptica, con 186,38 y 93 metros de diámetro y una superficie de 14.668
metros cuadrados. Los puentes de la ría se redujeron a cuatro, denominados de Castilla, León, Aragón y
Navarra, y se construiría una balaustrada de cerámica vidriada que la separaba
del paseo.
Puentes de la Plaza de España / Fotografía: ojodigital.com
El paseo tendía una anchura de 25
metros, una leve pendiente para facilitar la visión de los espectadores y se
comunicaba directamente con el Parque a sus extremos, construyendo así dos
nuevos accesos al conjunto. El paseo albergaría cuarenta y ocho bancos, dispuestos
como si fueran palcos, en forma de “U”. En el frente de cada banco se representaría
en cerámica vidriada una escena histórica de cada provincia española y se
instalarían dos hornacinas (hueco en forma de arco, que se suele dejar en el
grueso de la pared maestra de las fábricas, para colocar en él una estatua o un
jarrón, y a veces en los muros de los templos, para poner un altar) para
contener publicaciones referentes a dicha provincia. En el suelo se estamparía
el mapa y en la parte superior se dibujaría el escudo de ésta.
Banco de la provincia de Madrid (hornacinas, mapa e imagen ilustrativa) / Fotografía: panoramio.com
Bancos de la Plaza de España de Sevilla / Fotografía: deviajepor.es
El ceramista Pedro Navia Campos,
que se encargó de la cerámica vidriada que decoraba la plaza, instaló cuarenta
y ocho medallones de figuras relevantes españolas (sacerdotes, pintores,
académicos, pensadores, poetas…) que rodean la plaza, además de veinticuatro
águilas imperiales con el escudo de Carlos V y cuatro heraldos (mensajeros) de
tres metros de altura que rematan el edificio central.
Medallón del pintor y artista Sorolla / Fotografía: galeon.com
Medallón del gran literario español, Quevedo / Fotografía: sevilladailyphoto
Se edificó una galería elevada de
seis metros de profundidad rematada con arcos y columnas pareadas, y se instaló
una terraza superior que la recorre en su totalidad. En los extremos del paseo
se levantaron dos torres anexas inspiradas en los alminares de las mezquitas, repletas
de reminiscencias renacentistas y barrocas. Dichas torres tienen influencias de
otras obras renacentistas como la torre
de la Catedral de Córdoba de Hernán Ruíz III. La gran altura de dichas torres rompe
el cielo de Sevilla, y hace que sean dos de las torres más vistosas de la
ciudad hispalense junto con la Giralda, y en la actualidad también junto con la
Torre Pelli, que sigue en construcción.
Una de las torres de la Plaza de España / Fotografía: Alba Machuca
Toda la obra está revestida de
ladrillos finos utilizándose una decoración esmerada con cerámica vidriada, ladrillos tallados, hierro
forjado y repujado, madera tallada y mármol labrado. Finalmente la superficie
total del conjunto arquitectónico era de 50091 metros cuadrados.
La dimisión de Aníbal González en
1926 le impidió terminar la dirección de esta obra que recayó en manos de Pedro
Sánchez Núñez. Vicente Traver se proclamó arquitecto director, e introdujo una
desafortunada modificación al monumento con la construcción de una fuente
central, lo que significó la ruptura de la funcionalidad dada a la plaza por su
creador. Para Traver, a diferencia de Aníbal, no era el espacio vacío, que él
destruyó, sino las construcciones. La fuente invita a rodearla mientras
observas los edificios de rica decoración. Así, la mayor obra pública de la
Sevilla contemporánea quedó como una obra ornamental. Traver se encargó de
finalizar el proyecto en 1928.
Fuente de Plaza de España / Fotografía: wikipedia
La Plaza de España ha sufrido un importante proceso de restauración que finalizó el 17 de octubre de 2010. En ella, se recuperaron veinte farolas de cerámica y de fundición que se habían degradado con el paso de los años. Además, se volvió a llenar la ría que llevaba durante varios años vacía, y en la actualidad todos los visitantes pueden recorrer en barca dicha ría de la Plaza.
Farolas de cerámica en la balaustrada de la Plaza de España / Fotografía: flickr.com
A pesar de que Aníbal González no
terminase esta grandiosa plaza, fue el creador de una de las obras más bellas y
conocidas de la ciudad de Sevilla, y durante la restauración se instaló frente a la
propia plaza un monumento dedicado al arquitecto.
Monumento a Aníbal González
Fuentes:
-Catálogo oficial de la Exposición Iberoamericana del 29 -Pérez Escolano, Victor (1996). Aníbal González: Arquitecto (1876-1929).
Son pocas las personas
que conocen la verdadera historia de las mártires Santa Justa y Rufina y los
lugares que se hallan conectados a ella, incluso hay otras que ignoran que
estas son las Patronas de Sevilla. Cuenta la historia que las hermanas Justa y Rufina
nacieron en Sevilla, la primera en el año 268 y la segunda en el 270, en el
seno de una familia humilde. Su familia, que vivía en Triana, dedicaba su vida
al oficio de la alfarería, y tenía una gran convicción cristiana en una época
marcada por la dominación de los romanos, exactamente bajo el mandato del
emperador Diocleciano.
Una calurosa mañana de
julio en Sevilla, se festejaban las Adonias (festejos callejeros que se
celebraban anualmente en honor a la diosa Venus, y en la que se rememoraba el
fallecimiento de Adonis). Según los relatos de la época romana, dicho festejo,
consistía en recorrer las calles de la ciudad portando una especie de procesión
con la figura de la diosa y se exigían limosnas y donativos para costear la
fiesta y numerosas comitivas. Cuando los
paganos se pararon en el puesto de utensilios de cerámica que las hermanas
tenían en Triana para exigir el donativo correspondiente, éstas se negaron a
pagarlo porque el festejo no se correspondía con su verdadera fe. Al negarse,
una de las mujeres que cargaban la figura de la diosa les destrozó el tenderete
al no participar ni honrar las fiestas. Tal fue el enfado de las devotas
hermanas que se lanzaron hacia la figura de la diosa haciéndola añicos.
Así, Diogeniano,
prefecto de Sevilla (ministro que preside y manda en un tribunal, junta o
comunidad eclesiástica), envió a Justa y Rufina a encarcelar por no renunciar a
su fe cristiana. Las encerró en una tenebrosa cárcel situada en la actual
iglesia de la Trinidad en la calle María Auxiliadora, donde durante años sufrieron
numerosos martirios y desprecios: las mandó a torturar y las obligó a ir
andando descalzas hasta Sierra Morena, pero ellas aguantaban toda clase de
penurias con tal de no abandonar su fe.
Finalmente, fueron
encerradas hasta su muerte, y la primera en morir fue Justa, cuyo cuerpo fue abandonado en un pozo situado en el terreno que hoy ocupa la estación centralde Sevilla, de ahí su nombre. Su cuerpo fue recuperado poco tiempo después por
el obispo Sabino.
Diogeniano, para acabar
con Rufina, la mandó a un anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que
la destrozase. El animal se acercó a la muchacha y lamió su vestido mientras
que movía su cola como si de un animal de compañía se tratase. El prefecto no
aguantaba más y finalmente la mandó a degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente,
el obispo Sabino, recogió sus restos y los enterró junto con los de su hermana
en el año 287, concretamente en la calle hoy llamada Campo de los Mártires, que
ocupa hoy más o menos el espacio donde se sacrificaban y enterraban
habitualmente los cristianos.
Después de tal hazaña,
las hermanas fueron canonizadas debido a la gran fidelidad que procesaban hacia
su religión. Debido a que su historia fue reconocida mundialmente, se les
nombró Patronas de Sevilla y además de los gremios de alfareros y cacharreros,
hasta la actualidad.
Son numerosas las
representaciones que se han hecho de ambas hermanas, y algunas de ellas se
encuentran en diferentes lugares emblemáticos de la ciudad. Muchas de estas
representaciones figuran a las santas portando palmas como símbolo del
martirio, con diferentes objetos de barro alusivos a su profesión de alfareras,
y suelen estar separadas por la Giralda. Aunque la Giralda aún no estaba
construida cuando ocurrió esta historia, la tradición señala a Santa Justa y
Rufina como protectoras de la Giralda y la Catedral, motivo por el cual se
representan junto a la ostentosa torre.
El Hotel Alfonso XIII
de Sevilla, es un edificio histórico situado en el centro de la ciudad
hispalense, junto a la Puerta de Jerez y la antigua Real Fábrica de
Tabacos. Este lujoso edificio, llamado
anteriormente Gran Hotel, nació durante el reinado de Alfonso XIII y gracias a
la participación de éste en la Exposición Iberoamericana de 1929 en Sevilla. La Exposición Iberoamericana del 29, que se inauguró el nueve de mayo de ese mismo año, fue la primera exposición que pretendía mostrar el hermanamiento y las relaciones de unión entre la Península Ibérica con América e Hispanoamérica y Estados Unidos y Portugal con Brasil y Macao.
Un evento de estas características supondría la visita de numerosas
personalidades importantes a Sevilla, por tanto el hotel nace de la necesidad
de dotar de plazas hoteleras a la ciudad. Antes de que se confirmase donde se
haría el encuentro, la ciudad se había quedado congelada en la urbe que fascinó
a los viajeros románticos y apenas ofrecía más que hoteles mediocres descritos como
antros horribles en los diarios de viaje de los forasteros.
El solar elegido fue el
de los Jardines de Eslava, sobre un viejo teatro que había acogido varios
conciertos, y hasta numerosas óperas al aire libre. El ganador del concurso para
la construcción del edificio, bajo la dirección de Aníbal González (principal
arquitecto de la Exposición), lo ganó José Espiau y Muñoz. El propio Rey Alfonso XIII demostró en todo momento gran interés en la edificación del hotel,
que más adelante llevaría su nombre.
La construcción del
edificio se inicia con el Trienio Bolchevique, en 1917. Mientras Europa vivía La Gran Guerra, y en Sevilla se
ensayaban los motines, las huelgas y las barricadas, la ciudad hispalense se
preparaba para albergar uno de los hoteles más importantes de toda Europa.
José Espiau y Muñoz,
con la colaboración de un gran equipo especializado, concibió la construcción
como un hotel de “grandes lujos” y esto se reflejó tanto en la fachada como en
el interior del propio edificio. Construyó un hotel de estilo neomudéjar, una
versión moderna inspirada en la arquitectura árabe, aunque con un toque
regionalista andaluz. Utilizó elementos decorativos del rico plateresco sevillano en la portada.
En su interior, destaca
el lujo y la categoría, los arcos y las columnas, con elegantes lámparas
colgadas de elaboradísimos artesonados y carísimos suelos de mármol y de
madera. Además se incorporaron costosos azulejos y se eligieron elementos
decorativos de gran valor adquisitivo. Las habitaciones fueron diseñadas y
adaptadas para alojar a reyes, presidentes, personalidades e invitados de la
Exposición Iberoamericana.
El hotel dispone de una
enorme suite real que siempre ocupaba Doña María de las Mercedes, madre del rey
y huésped habitual durante Semana Santa y Feria. También se compone de seis
salones para conferencias y banquetes, un salón real, y los famosos salones de
Andalucía, Híspalis y Cartuja, situados uno a continuación del otro.
El coste total del
Hotel Alfonso XIII, incluyendo el mobiliario y el decorado, resultó ser de doce millones de pesetas, más del diez por ciento del coste total
de los edificios y obras públicas realizados para la Exposición. Así, desde el
primer día, pudo colocarse cómodamente entre los mejores hoteles del mundo.
El hotel fue inaugurado
oficialmente el 28 de abril de 1929, con el banquete de boda de la sobrina del
Rey Alfonso XIII, la Infanta Isabel Alfonsa, con el Conde Juan Zamoyski. La
celebración, presidida por el Rey y la Reina Victoria Eugenia, contó con un
opulento banquete y un ostentoso baile al que asistieron numerosas celebridades
reconocidas mundialmente.
Durante la Segunda
República, pasó a llamarse Hotel Andalucía Palace, y cincuenta años después
recuperó el nombre Hotel Alfonso XIII, conservado en la actualidad. Hoy, este
hotel pertenece a la cadena hotelera The Luxury Collection by Starwood, y ha
sido restaurado íntegramente en 2011 y reinaugurado el 13 de marzo de 2012.
Existen innumerables
historias sobre el hotel y las diferentes personalidades que se han hospedado
en el Alfonso XIII. Son conocidas las numerosas aventuras que el Rey tenía en
las alcobas del propio hotel durante la construcción del mismo. Además, en él
se han alojado celebridades como Grace Kelly con el príncipe Rainero que
visitaron la Feria de Abril en 1966, Franco y Carmen Polo, visitantes asiduos
del hotel, Brigitte Bardot, Robert Kennedy o Lady Di.
También se han rodado
algunas películas en el seno del Hotel Alfonso XIII, como la película La femme et le pain, inspirada en la
novela que Pierre Louÿs escribió durante un viaje a la Sevilla del mito de
Carmen, o el film Lawrence de Arabia
dirigido por David Lean.
Fuentes:
-Villar, Alberto: Arquitectura del Regionalismo en Sevilla (2010)
-El Mundo
-Catálogo oficial de la Exposición Iberoamericana
del 29
La Torre del Oro es en la
actualidad una torreta tan emblemática para Sevilla como las mismísima Giralda.
Es una torre albarrana (torre que antiguamente se ponía a trechos en las
murallas) y almohade levantada en el primer tercio del siglo XIII, ya casi al
final de la época islámica de la ciudad. El edificio que mide 15,20 metros de
diámetro y 36,75 metros de altura, se encuentra en el centro de Sevilla, junto
al río Guadalquivir y cercana a la RealMaestranza.
Abu-1.Ula fue el
gobernador almohade que en 1220 la mandó edificar para defender la ciudad. La
Torre del Oro era el punto último de una muralla que iba del alcázar al río y
servía de anclaje para unas cadenas que cruzaban el Guadalquivir y se unían a
un bloque de argamasa (mortero hecho de cal, arena y agua, que se emplea en las
obras de albañilería) al otro lado. De este modo se impedía el paso a cualquier
embarcación que quisiese subir río arriba.
El edificio es de planta dodecagonal
construido entre 1220 y 1221 durante el mandato del almohade Abu-1.Ula. Se llamó Torre del Oro o Bury
al Dahab o Borg-al-Azaja en árabe, desde la época almohade,
y dichos nombres intentaban expresar el deslumbramiento que causaba mirar
dicha torre cuando el sol se reflejaba en ella.
El segundo cuerpo también dodecagonal, se
edificó en el siglo XIV por orden del rey Don Pedro I. Algunas leyendas cuentan que la Torre del Oro servía como
residencia a las amantes del Rey Don Pedro. Con el paso del tiempo, la torre perdió verdaderamente su función
primitiva y cayó en el abandono. En el siglo XVI se modificó dicha torre y se
realizaron numerosas obras que restauraron sus imperfecciones. Gracias a esa
rehabilitación, la Torre del Oro pudo sobrevivir al terrible terremoto de
Lisboa de 1755, el cual sacudió a la ciudad y afectó gravemente a la
Torre.
Finalmente, el último cuerpo, cilíndrico y
coronado por una cúpula, se construyó en 1760 bajo
la dirección del ingeniero militar Sebastián Van der Borcht, el cual se encargó de dirigir una década antes la Real Fábrica de
Tabacos. Esta última reforma sucede después de que el pueblo sevillano
impidiese el derribo de la torre a manos del marqués de Monte Real. Éste
quería destruir la emblemática torre para ampliar el paso de los coches de
caballo a efectos de dejar el paso de San Telmo al Puente de Triana más
derecho.
Durante todas esas etapas, la Torre del Oro
ha funcionado como prisión, residencia, como capilla dedicada a San Isidoro de Sevilla, almacén de
pólvora, sede de las oficinas de la Compañía del Río Guadalquivir y hasta parte
del escudo de algunos pueblos y ciudades del norte de España que participaron
en la conquista de Sevilla, como el escudo de Santander, de Cantabria o de
Comillas.
Escudo de Comillas
Escudo de Santander
En la actualidad, además de proporcionarnos
una de las mejores panorámicas de Triana desde el río, la Torre del Oro alberga
la sede del Museo Naval de Sevilladesde
1.944, donde se aguardan variados objetos y piezas relacionados con la vida
marinera sevillana. Contiene grabados, cartas marinas, maquetas, instrumentos
antiguos de marear (navegar) así como documentos históricos. Hoy, por tan solo
un euro puede visitarse este emblemático edificio, impregnado de valiosas
historias y culturas entre sus cimientos.
Fuentes:
-Grosso, Manuel:
Sevilla, ciudad de leyenda ; Ed. Jirones de Azul; Sevilla 2009
Busto del Rey Don Pedro / Fotografía: Javier Espejo
En el centro de Sevilla, se
encuentra una calle llamada Candilejo, la cual es protagonista de una de las
leyendas más conocidas de la ciudad. En la esquina más ancha de esta calle, se
puede apreciar un busto de medio cuerpo de un caballero medieval, coronado, con
manto real sobre sus hombros, con un cetro en la mano derecha y con una espada
en la otra. Esta estatua que se halla expuesta en una hornacina (hueco en forma
de arco), representa al rey don Pedro I que fue rey de Castilla desde el 26 de marzo de 1350 hasta su muerte.
Don Pedro I de Castilla, aunque nació en Burgos, fijó su residencia en Sevilla,
y era llamado el Cruel por
sus detractores y el Justiciero por
sus partidarios. Se decía de él que tenía un defecto físico que hacía que le
rechinasen las rodillas al caminar, el cual pudo comprobarse después de su
muerte.
Cuenta la leyenda que el rey don Pedro, en una de sus noches locas, a altas horas de la madrugada, tuvo un duelo
con uno de los miembros de la familia Guzmán,
hijo del conde Niebla, que apoyaba las aspiraciones al trono del hermano
bastardo del rey. El ruido de la reyerta despertó a una anciana que vivía en
esa misma calle y que, asomada a la ventana con la lumbre de un candil,
intentaba ver que ocurría. El monarca mató a su contrincante y salió huyendo al
comprobar que lo iluminaban, y la anciana, que seguía asomada a la ventana,
llegó a oír, junto con los pasos, el rechinar de los huesos de la rodilla. La
mujer cerró la ventana rápidamente y con tanta fuerza, que se le cayó el candil
a la calle junto al cadáver.
Copia del candil de la anciana / Fotografía: Javier Espejo
A la mañana siguiente, se supo en
toda la ciudad que el que murió era un caballero importante y la familia Guzmán
exigía que se aclarasen los hechos y que encontrasen al culpable. Fue tal la
presión, que Pedro I prometió encontrar
al asesino en un plazo de veinticuatro horas y dijo: “cuando halle al culpable,
haré poner su cabeza en el lugar de la muerte”.
A los pocos días, se trajo a
juicio a la anciana dueña del candil que encontraron en el lugar del asesinato,
y que fue testigo de lo ocurrido aquella noche. Ésta, a pesar de admitir que
sabía quién era el culpable, se negaba a declarar. Don Pedro se acercó a la
anciana y le prometió que si contaba lo que había visto no le pasaría nada. La
mujer sacó un espejo y lo puso frente a él, diciéndole: “esta es la cabeza del
asesino”. Una vez alabada la astucia de la anciana, ordenó que se le entregara
la recompensa que existía por su captura y luego mandó a llamar a la familia de
la víctima, a la que comunicó que podía ir al lugar del suceso, pues allí mismo
se expondría la cabeza del causante de la muerte.
El alguacil recorrió las calles
de Sevilla escoltando un carro sobre el que iba un cajón de madera recia con
una tapa clavada con grandes clavos, donde se suponía que estaría la cabeza
prometida. Acto seguido, se colocó la caja en una hornacina que se cerró con
una verja, la cual no dejaba entrever qué había dentro. La gente se quedó
defraudada, pues no se podía ver su contenido ni saber quién había sido el
asesino.
Pasaron ocho años y el rey don
Pedro fue asesinado por su hermano bastardo y, una vez muerto, cuando se abrió
la caja y se descubrió su contenido, se comprobó que se trataba de un busto del
fallecido monarca. El rey cumplió con su palabra
de poner allí la cabeza del culpable, pero no la de carne y hueso, sino de
mármol, y allí se encuentra todavía.
Fuentes:
-Grosso, Manuel: Sevilla, ciudad de leyenda ; Ed. Jirones de Azul; Sevilla 2009
-Escultura e Imaginería. Daniel Pineda Novo. En: Cosas de Sevilla. Grupo Andaluz de Ediciones. Sevilla, 1981.
Iglesia de Santa Catalina / Fotografía: web oficial Santa Catalina
La Iglesia de Santa Catalina es
uno de los templos más conocidos de Sevilla, y no solo por su relevancia o su
índole cultural, sino por los debates que se han generado en la actualidad en
torno a su financiación y restauración. Esta iglesia se encuentra
situada intramuros de la ciudad, entre San Luis con calle Sol y Alhóndiga con
la calle Juan de Mesa. Se trata de un templo de estilo gótico-mudéjar, aunque
fue modificada en varias ocasiones a lo largo de los siglos XVII y XVIII. En la
actualidad, es un templo filial de la parroquia de San Román y Santa Catalina,
y sede de la Hermandad Sacramental de la Exaltación, y de la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen y NuestraSeñora del Rosario, así como de la de Santa Lucía.
Aunque fue nombrada Monumento
Nacional en 1912 y Bien de Interés Cultural en 1985, desde el año 2004 está
cerrada al culto y al público al necesitar mano de obra y restauración. Desde 2002
la parroquia venía sufriendo desperfectos ocasionados por las lluvias, que
calaban el templo, produciendo humedades interiores y exteriores en el edificio.
En el 2003 un estudio también descubrió la existencia de termitas, problemas en
las instalaciones eléctricas, hundimiento del suelo y la destrucción de la
fachada por la contaminación que produce el tráfico. Todos estos factores han
ocasionado que en junio de 2004, las hermandades que habitaban el templo hayan
tenido que abandonarlo.
Por tanto, han sido muchos años
los que la iglesia ha estado olvidada y abandonada por aquellos que deberían
haber financiado y puesto en marcha las restauraciones que realmente
necesitaba. Aunque a finales de 2012 se comenzaron a plantear las reparaciones,
hoy, las puertas de Santa Catalina siguen cerradas al culto.
La tardanza de las restauraciones
de esta iglesia emblemática, se debe a la disputa que ha surgido durante años
sobre quién debe financiar la reparación de los desperfectos del templo. Aunque la iglesia fue sometida a algunas restauraciones después de su cierre y se
llegaron a algunos acuerdos entre el Arzobispado y la Junta en 2008, no fue
hasta 2010 cuando se comenzó a plantear la rehabilitación integral de la
iglesia, con la llegada del popular Juan Ignacio Zoido a la alcaldía de
Sevilla. Con él se empezó a debatir sobre
la financiación de la misma, ya que el alcalde estuvo desde un principio a
favor de su restauración y abogaba por “reabrir al culto el templo y que sea
disfrutado como referente cultural y reclamo turístico”. Además la Junta, con
la Archidiócesis de Sevilla, ya estaba inmersa en otros proyectos similares: Santa Ana, de La Roda de Andalucía; Santo
Domingo, de Osuna; San Miguel, de Morón de la Frontera; Santa María la Blanca,
de Fuentes de Andalucía, o el convento de la Purísima Concepción, de Utrera; por
lo que conocía el proceso de restauración.
Sin embargo, más adelante la
Junta declaró que pretendía esperar la propuesta y voluntad de la propia
Iglesia, ya que, según ella, al ser la propietaria del templo es la que debe promover y
financiar el proyecto en una primera instancia. Evidentemente, al Arzobispado no tenía la capacidad económica suficiente
para mantener el vasto patrimonioinmueble de la
Archidiócesis, y por consiguiente, le era imposible ofrecer la cuantía necesaria para la
restauración del templo. Por tanto, la intención de la Iglesia era llegar a un acuerdo
con las instituciones públicas para dar solución a la desastrosa situación de
la iglesia.
Finalmente, la Iglesia y la Junta
llegaron a un acuerdo, y este mismo año acabaron cumpliendo con un convenio que
ya estaba consensuado con la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en
2008. El Ayuntamiento de Sevilla, la administración autonómica y la Consejería
de Cultura han aportado en 2013 los 93.490,16 euros que quedaban pendientes de
pago, de los 405.150,51 euros comprometidos en el citado convenio para pasadas
restauraciones de las cubiertas y para la futura financiación de los proyectos de
restauración integral del templo. Una cantidad que había tenido que cubrir la
Archidiócesis en este tiempo.
Por otro lado, La Caixa ha
decidido colaborar también con la recuperación integral de Santa Catalina y ha firmado
un convenio con el Arzobispado de
Sevilla el 29 de mayo de este año.
En Julio de 2013 se conoció el
informe final necesario para proceder a la restauración del templo de Santa Catalina, y
los resultados fueron esperanzadores. Se negó el posible derrumbe de la iglesia
y se confirmó que la estructura no necesitaría ningún refuerzo ni corrección.
Fue el 28 de noviembre de este
año cuando la Archidiócesis de Sevilla anuncia el proyecto de restauración que
se llevará a cabo en el templo a manos de arquitecto Francisco Jurado. La rehabilitación de la
iglesia supondrá una inversión en torno al millón de euros en su primera
fase. La segunda etapa de la restauración consiste en conservar y
recuperar los elementos característicos de la fachada que se han visto dañados,
y realizar trabajos arqueológicos especializados durante seis meses para descubrir
la antigua fisionomía sobre la que se asienta la iglesia. Y por último, la
tercera fase comprenderá la rehabilitación y mejora del interior del templo
(mobiliario, solería, instalaciones…), y cuyo coste no se ha precisado.
Restauración Santa Catalina / Fotografías: web oficial Iglesia de Santa Catalina
Después de todo, a los sevillanos
solo les queda esperar a que las restauraciones no se paralicen, y así poder
disfrutar lo antes posible de este emblemático y característico lugar que quedó en el olvido durante muchos años.