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viernes, 13 de diciembre de 2013

Santa Justa y Rufina, Patronas de Sevilla

Son pocas las personas que conocen la verdadera historia de las mártires Santa Justa y Rufina y los lugares que se hallan conectados a ella, incluso hay otras que ignoran que estas son las Patronas de Sevilla. Cuenta la historia que las hermanas Justa y Rufina nacieron en Sevilla, la primera en el año 268 y la segunda en el 270, en el seno de una familia humilde. Su familia, que vivía en Triana, dedicaba su vida al oficio de la alfarería, y tenía una gran convicción cristiana en una época marcada por la dominación de los romanos, exactamente bajo el mandato del emperador Diocleciano.

Una calurosa mañana de julio en Sevilla, se festejaban las Adonias (festejos callejeros que se celebraban anualmente en honor a la diosa Venus, y en la que se rememoraba el fallecimiento de Adonis). Según los relatos de la época romana, dicho festejo, consistía en recorrer las calles de la ciudad portando una especie de procesión con la figura de la diosa y se exigían limosnas y donativos para costear la fiesta y numerosas comitivas.  Cuando los paganos se pararon en el puesto de utensilios de cerámica que las hermanas tenían en Triana para exigir el donativo correspondiente, éstas se negaron a pagarlo porque el festejo no se correspondía con su verdadera fe. Al negarse, una de las mujeres que cargaban la figura de la diosa les destrozó el tenderete al no participar ni honrar las fiestas. Tal fue el enfado de las devotas hermanas que se lanzaron hacia la figura de la diosa haciéndola añicos.

Así, Diogeniano, prefecto de Sevilla (ministro que preside y manda en un tribunal, junta o comunidad eclesiástica), envió a Justa y Rufina a encarcelar por no renunciar a su fe cristiana. Las encerró en una tenebrosa cárcel situada en la actual iglesia de la Trinidad en la calle María Auxiliadora, donde durante años sufrieron numerosos martirios y desprecios: las mandó a torturar y las obligó a ir andando descalzas hasta Sierra Morena, pero ellas aguantaban toda clase de penurias con tal de no abandonar su fe.

Finalmente, fueron encerradas hasta su muerte, y la primera en morir fue Justa, cuyo cuerpo fue abandonado en un pozo situado en el terreno que hoy ocupa la estación centralde Sevilla, de ahí su nombre. Su cuerpo fue recuperado poco tiempo después por el obispo Sabino.

Diogeniano, para acabar con Rufina, la mandó a un anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que la destrozase. El animal se acercó a la muchacha y lamió su vestido mientras que movía su cola como si de un animal de compañía se tratase. El prefecto no aguantaba más y finalmente la mandó a degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente, el obispo Sabino, recogió sus restos y los enterró junto con los de su hermana en el año 287, concretamente en la calle hoy llamada Campo de los Mártires, que ocupa hoy más o menos el espacio donde se sacrificaban y enterraban habitualmente los cristianos.

Después de tal hazaña, las hermanas fueron canonizadas debido a la gran fidelidad que procesaban hacia su religión. Debido a que su historia fue reconocida mundialmente, se les nombró Patronas de Sevilla y además de los gremios de alfareros y cacharreros, hasta la actualidad.

Son numerosas las representaciones que se han hecho de ambas hermanas, y algunas de ellas se encuentran en diferentes lugares emblemáticos de la ciudad. Muchas de estas representaciones figuran a las santas portando palmas como símbolo del martirio, con diferentes objetos de barro alusivos a su profesión de alfareras, y suelen estar separadas por la Giralda. Aunque la Giralda aún no estaba construida cuando ocurrió esta historia, la tradición señala a Santa Justa y Rufina como protectoras de la Giralda y la Catedral, motivo por el cual se representan junto a la ostentosa torre.


Santa Justa y Santa Rufina, Murillo (1665)
Santa Justa y Santa Rufina, Murillo (1665-1666)
Santa Rufina, Zurbarán
Santa Justa, Diego de Velázquez (1663)
Santa Justa y Santa Rufina (1817)
Santa Rufina, Murillo (1665)



Fuentes:


-Grosso, Manuel: Sevilla, ciudad de leyenda; Ed. Jirones de Azul; Sevilla 2009

Fotografías:





viernes, 29 de noviembre de 2013

La Giralda

La Giralda / Foto:Alba Machuca
La Giralda es el edificio más conocido de la ciudad de Sevilla por excelencia. Es el campanario de la Catedral de Santa María de la Sede, la catedral gótica cristiana con mayor superficie del mundo, situada en la capital hispalense. La torre del campanario está constituida por varios cuerpos construidos durante diferentes épocas, dejando impregnada dicha torre de algunas de las culturas que permanecieron durante años en la ciudad. En su día, la Giralda fue el edificio más alto de España con 97,5 metros de altura (101 metros incluyendo el Giraldillo, escultura que corona su cúspide). El 29 de diciembre de 1928 fue declarada Patrimonio Nacional y en 1987 se integró en la lista del Patrimonio de la Humanidad, como símbolo de su majestuosidad.


Los dos tercios inferiores de la Giralda pertenecen al alminar (alta torre propia de las mezquitas donde el almuédano llama a los musulmanes fieles a rezar diariamente; aunque dicha torre se utilizaba además como un observatorio astronómico) de la antigua mezquita construido en la época almohade a finales del siglo XII en la ciudad sevillana. La parte superior de la torre es un remate que se añadió en la época cristiana, cimentado para alojar las campanas.

En el periodo de dominación almohade en Sevilla (1172-1248), la ciudad hispalense fue la capital de la Península Ibérica, y por esta razón se comenzaron a modernizar y renovar las infraestructuras de la ciudad. El califa almohade Abu Yacub Yusuf ordenó la construcción de una gran mezquita en la capital, justo en los terrenos que actualmente ocupa la Catedral. La construcción del templo tuvo lugar entre abril de 1172 hasta marzo de 1198, aunque éste no se inauguró hasta el 30 de abril 1182.

La dirección de las obras fue encargada al prestigioso arquitecto de origen andalusí Ahmad Ben Baso, el cual construyó un edificio de planta rectangular con una superficie de más de 15.000 metros cuadrados. Poseía 17 naves adornadas con arcos de herradura y un amplio patio de abluciones (patio utilizado por los musulmanes para lavarse y purificarse antes de entrar a la mezquita)  que todavía se conserva con el nombre de Patio de los Naranjos. La mezquita tenía orientación de norte a sur y su puerta principal corresponde a la actual puerta del Perdón, que da paso a dicho patio de abluciones.

Las obras de la Giralda se iniciaron en el año 1184 y su construcción duró doce años. Fue construida por tres arquitectos diferentes; Ahmad Ben Baso (en piedra), Ali-Al-Ghumari y Abu-I-Laith as-Siquilli (continuó en ladrillo), quien la finalizó en el año 1198. Las obras de construcción del alminar de la mezquita tuvieron un carácter intermitente, recibiendo en el año 1195 un impulso definitivo con motivo de la victoria árabe sobre las fuerzas castellanas. Su planta es cuadrada por lo que se eleva con forma prismática. Su interior consta de 35 rampas que permiten el acceso a la parte superior, rodeando un sistema de pequeñas cámaras superpuestas que componen el núcleo interior del edificio. Tenía una altura de 82 metros, siendo el edificio más alto de Europa en esa época, gracias a la colocación de cuatro bolas de bronce dorado en el remate superior de la torre.

Después de la conquista cristiana, la Giralda sufre su primera modificación debido a un terremoto ocurrido en 1365, en el que el alminar pierde las esferas de bronce que coronaban la torre. Dichas esferas fueron sustituidas por un sencillo alminar con símbolos cristianos.
Durante la época renacentista en la ciudad sevillana (1528-1593), se ideó un nuevo proyecto del campanario de la Giralda en 1557, el cual no se logró realizar. Posteriormente en 1568, el cabildo catedralicio encargó al arquitecto cordobés Hernán Ruíz la modificación del campanario de la Giralda, y le pidió que el nuevo cuerpo tuviera un remate en forma de estatua que representara la Fe y el triunfo del cristianismo.


Evolución de la construcción del alminar  


Así, se añadió el cuerpo de campanas, el cuerpo de las azucenas (que cuenta con cuatro jarras de azucenas de bronce, una en cada esquina), el cuerpo de carambolas y la estatua monumental que culmina la torre. Además en cada uno de los cuatro lados del segundo cuerpo de campanas figuran las palabras: TURRIS FORTISSIMA NOMEN DNI. PROVERB. 18, las cuales constatan la cristiandad que dominaba en la época y que significa "la torre más fuerte en el nombre de Dios. Proverbio 18". 

La estatua que remata el campanario, mide cuatro metros de altura sin contar el pedestal, y es denominada por fuentes documentales como El Coloso de la Fe Victoriosa. Fue fundida en bronce por Bartolomé Morel entre 1566 y 1568, quien utilizó un modelado de Juan Bautista Vázquez el Viejo. La escultura hace de veleta al girar según la dirección del viento,  lo que motivó la denominación popular de la Giralda, que significa “veleta de torre que tiene figura humana o de animal”, comenzándose a conocer a la figura como el Giraldillo.

El Giraldillo / Fotografía: Blog spanishcaffeinegirl

En 1997 el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH) se reunió para planificar y organizar la restauración del Giraldillo. Después de una gran investigación y un elaborado trabajo, la estatua ha sido restaurada recientemente.


Restauración del Giraldillo en el IAPH / Fuente: El Giraldillo, proceso de restauración


Subida del Giraldillo a la torre / Fuente: Junta de Andalucía


En la actualidad, la Giralda es el edificio turístico más conocido de la ciudad hispalense y se conserva a la perfección tras las restauraciones descritas anteriormente. Puede ser visitada por todo aquel que lo desee, de forma gratuita para los sevillanos y por ocho euros para los demás, incluyendo la visita a la Catedral de Santa María de la Sede.



Fuentes:

-RODRÍGUEZ ESTÉVEZ, Juan Clemente (1998). El alminar de Isbiliya: La Giralda en sus orígenes (1184-1198). Sevilla. Editorial: Ayuntamiento, Área de Cultura.

-RAVÉ PRIETA, Juan Luis, RESPALDIZA LAMA, Pedro José, FERNÁNDEZ CARO, José Juan:  El Giraldillo, proceso de una restauración. Editorial: Consejería de Cultura. Sevilla (2003)